
PEWOS
Cuando inició la pandemia en 2020, repentinamente las calles de la ciudad se vaciaron. Fuimos enclaustrados, limitados y controlados, el resto es historia conocida. Durante más de dos años nuestras vidas literalmente se pausaron y los perros de la calle, aquellos que hicieron del pavimento su lecho y de las marquesinas, sus hogares se vieron aún más afectados. Menos gente circulando en las calles, negocios cerrados los obligaron a cambiar sus rutinas.
Ya no estaba el amable cocinero o garzón de aquel restaurante que les guardaba comida. Ya no contaban con la dulce señora del carrito de comida que les daba agua y muchas veces cobijo. Todo se volvió irregular para ellos, el hambre acechaba más que nunca y aquellas nobles personas que habitualmente les ayudaban ya no estaban ahí para asistirlos. Entonces los "Pewos" (como se les dice cariñosamente) se movilizaron del centro a las periferias. Así fue como llegaron nuevos peludos al barrio, buscando comida y techo.
Se de mucha gente en el barrio que durante la pandemia solidarizó con nuestros amigos caninos. En nuestra casa albergamos, y alimentamos a varios de ellos, dentro de lo que las posibilidades lo permitían. Cada vecino puso un nombre distinto a cada perrito, fue así como llegué a enterarme de que algunos de ellos tenían más de tres nombres distintos. El que para mí era "Yogui" para otro era "Duque" o "Terry".
Algunos de mis nuevos mejores amigos, fueron; Vilma, Yogui, Zoko, Lobito, Arena, Gordo, Negro, sin contar a la bella Lupe, nuestra perrita que tuvo que soportar la invasión canina en casa. Los que mejor se portaban tenían la posibilidad de entrar y pasar tardes y noches cálidas en invierno. Para los más traviesos construimos tres casas independientes que pusimos en el jardín. Cuando caía la noche comenzaban a llegar y cada uno sabía cuál era su espacio personal. Así pasaron dos años de encierro y poco a poco la ciudad fue recobrando su ritmo. La mayoría de los perrunos volvieron al centro, otros desaparecieron y jamás volvieron. Nunca supimos si murieron o se mudaron a otro barrio, solo sé que en nuestros corazones dejaron un enorme vacío. Otros los hemos visto en alejados lugares de la ciudad, viviendo sus nómades vidas. Nos quedó el consuelo que, nos brindaron su amor y que nos enseñaron que las cosas importantes de la vida son las más simples y que un perro jamás te traiciona, como tampoco traiciona su naturaleza. Entonces comprendí esa frase de una canción de Alberto Cortez (Callejero) que dice "Era callejero por derecho propio"...
En esta exposición hay imágenes de perrunos que diariamente veo en las calles y otros que conocí durante la pandemia. Algunos aún siguen visitando nuestra casa o pululando por el barrio. Todos cuentan la misma historia, la del perro que nació en la calle o que fue arrojado a ella y que no tuvo la oportunidad de tener hogar, pero que sobrevivieron gracias a aquellas personas que les brindaron su amor y ayuda al pasar.
Sólo quienes aman verdaderamente a los animales comprenderán el valor de estas imágenes. Una pequeña selección de los cientos de fotos de mis amigos "Pewos", que he acumulado en el tiempo.
Rodrigo Torres Barriga
Autor
Callejero
(Alberto Cortez)
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.
Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser,
libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.
Era un callejero con el sol a cuestas,
fiel a su destino y a su parecer,
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer.
Era nuestro perro, y era la ternura
que nos hace falta cada día más,
era una metáfora de la aventura
que en el diccionario no se puede hallar.
Era nuestro perro porque lo que amamos
lo consideramos nuestra propiedad,
era de los niños y del viejo Pablo,
a quien rescataba de su soledad.
Era un callejero y era el personaje
de la puerta abierta en cualquier hogar,
era en nuestro barrio como del paisaje,
el sereno, el cura y todos los demás.
Era el callejero de las cosas bellas
y se fue con ellas cuando se marchó,
se bebió de golpe todas las estrellas,
se quedó dormido y ya no despertó.
Nos dejó el espacio como testamento,
lleno de nostalgia, lleno de emoción,
vaga su recuerdo por los sentimientos
para derramarlos en esta canción.
